6 de noviembre de 2007

Los 30 años..

Los 30 años del Movimiento de Jornadas de Vida Cristiana en nuestra Diócesis..

Las dificultades pastorales y las crisis forman parte del andar de la Iglesia, en distintas épocas y circunstancias, y en todos los estamentos de su vida. EL Espíritu actúa sobre el componente humano del Cuerpo místico de Cristo, pero no suprime sus imperfecciones. La tarea de quienes tenemos fe es crecer en la apertura a ese mismo Espíritu, para discernir medios y formas que conviertan la crisis en materia de crecimiento.
Éramos jóvenes sacerdotes aun (1977), el P. Roberto Toledo y yo, cuando fuimos invitados por quien era nuestro Obispo, Mons. Antonio Quarracino, para buscar medios pastorales adecuados frente a las propias crisis en la pastoral juvenil de la época. Ambos, teníamos experiencia de trabajo en equipo, también en otro movimiento evangelizador para la adolescencia, además de compartir una honda amistad sacerdotal (que perdura).
Salimos a los caminos... por decirlo así. Y frente a varias y distintas propuestas tomamos conocimiento de la existencia de Jornadas. Con un grupo de jóvenes de Avellaneda, especialmente “seleccionados”, vivimos la experiencia en la diócesis de Lomas de Zamora, en cuyo seno se había iniciado diez años antes. Tuvimos el regalo de Dios de conocer directamente a los fundadores, el P. Adolfo y el P. Adán que junto con un excelente equipode muchachos, no sólo nos transmitieron la fuerza del acontecimiento de Gracia, sino que también nos enseñaron a usar el método, respetando la escencia y finalidad, y a largarnos poco tiempo después a iniciar el Movimiento en nuestra Diócesis.
Fue tiempo de esfuerzo, oración y palanca redoblados, y de trabajo a full; porque había que empezar con todo de cero. A los jóvenes que vivieron su Jornada con nosotros, se le sumaron dos jornadistas de Lomas de Zamora. También pedimos y recibimos la ayuda de un grupo de jóvenes que habían vivido ya la experiencia de Cursillos de Cristiandad en nuestra Diócesis. De hecho, los exteriores de las primeras Jornadas fueron servicio generoso e inolvidable de Cursillistas locales. Varios de ellos ya están en la casa del Padre, y estoy seguro que siguen rezando por Jornadas con el mismo cariño fiel con que se sumaron, desde un comienzo a la patriada hasta el final de sus vidas. La clausura de la 1ª de varones, contó casi como únicos jornadistas participantes de la fiesta, a los que acababan de vivirla!
Han pasado 30 años y Dios ha querido que no faltaran sacerdotes y jóvenes laicos , chicas y muchachos, apostólicos, que trajeran hasta aquí la llama viva que se encendió en aquel origen, lejano en el tiempo pero tan actual en lo inolvidable de su vivencia. Demos gracias a Dios. Y que María, Madre de la Juventud, siga siendo estrella que brille y haga brillar los colores de la Gracia en la juventud de nuestros días, a través de este maravilloso instrumento, con todas las adecuaciones, transformaciones y adaptaciones, que el mismo Señor inspire a quienes tienen la responsabilidad y el honor de su continuidad, para que el Cristo joven se haga carne en la vida de tantas y tantos que necesitan de su plenitud para bien de la Iglesia y de la sociedad.

Mons. José J. Correia